29 enero 2008

 

El pueblo judío honra a los Schindler españoles.

Desde el jueves, y hasta el 24 de febrero, la Casa Sefarad-Israel, a través de una sucesión impactante de grandes paneles, honra la memoria de los diplomáticos españoles que durante la Segunda Guerra Mundial prestaron una imprescindible y trascendental ayuda a los ciudadanos judíos perseguidos por el nazismo. Entre 1939 y 1945, miles de judíos víctimas de las abyectas leyes raciales de la lacra nazi pudieron salvar sus vidas, y ganar la libertad, gracias al compromiso ético y a la labor humanitaria que, saltándose a la torera los dictados del franquismo, que callaba ante esas atrocidades, desarrollaron de acuerdo a su conciencia de bien diplomáticos españoles destinados en territorios bajo administración alemana o de los gobiernos colaboracionistas de los países ocupados.

Desde Hungría, Ángel Sanz Briz (encargado de negocios de España en Budapest en 1944) consigue que las autoridades magiares aprueben una lista de hasta 300 personas protegidas, y que se expidan pasaportes, por parte de la Legación de España, a 352 seres humanos, junto a cartas de protección en las que se decía que el titular tenía familia en España, y que se encontraba bajo la protección de la Legación. Sanz Briz alquila ocho inmuebles en Budapest con fondos donados por organizaciones judías, y los declara parte de la Legación. Un cartel advertía: «Anejo a la Legación Española. Edificio Extraterritorial». Se alojan allí 5.200 judíos que logran salvar sus vidas. Les proporciona techo, comida, asistencia médica y seguridad. Tras abandonar Hungría su labor es continuada por Giorgio (Jorge) Perlasca.

En Francia -donde había unos 300.000 judíos en 1940- Eduardo Propper de Callejón (primer secretario de la Embajada española en París, 1939-1941) concede «visados especiales en tránsito» a los que se acogen refugiados de todas las nacionalidades. Recibirá la Cruz de la Legión de Honor. En tierras galas Bernardo Rolland de Miota (Cónsul General de España en París, 1939-1943) evita la confiscación de los bienes de judíos sefardíes, intercede por 14 judíos españoles enviados al campo de Drancy, y organiza la repatriación de otros 77, labor que culmina Alfonso Fiscowich.

Sebastián Romero Radigales (Cónsul General de España en Atenas, 1943-1944) trata de organizar la repatriación por tierra, mar y aire a los judíos de origen sefardí. Ante las objeciones para su entrada en España, propone Marruecos. Entre marzo y junio de 1943 48.000 judíos de Salónica fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Romero Radigales actúa para intentar liberar a los deportados sefardíes. Saltándose las autoridades alemanas consigue trasladar a 150 sefardíes desde Salónica a Atenas.

Informe completo.

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